Quiero dedicar un lugar especial a las peregrinaciones por el Camino de Santiago durante la Edad Media, ya que fue en esta época cuando vivió su máximo esplendor.
No debemos olvidar el sentir religioso durante estos años entre la población, lo que hizo que las peregrinaciones, las reliquias, la adoración de las imágenes, las promesas rituales…en fin, todo aquello que supusiera el Perdón Divino, estuvieran a la orden del día entre una población que vivió una época de hambrunas, guerras y pestes y que veían, como única salida a su penosa existencia, un Reino de los Cielos donde se viviera mejor.
También era una época en la que las tradiciones paganas se mezclaban con las cristianas y en donde, las primeras, eran difícil de erradicar, lo que llevaba muchas veces a “enmascararlas” como cristianas para poder controlarlas.
Ya en el siglo VI y gracias al Brevario de los Apóstoles, encontramos noticias de la predicación del apóstol en Hispania. Esta idea comienza a circular por Occidente gracias a las obras de San Isidoro de Sevilla y Adhelmo de Sherbone, al mismo tiempo que se empiezan a mencionar en la lista de reliquias, algunas atribuidas al apóstol y que se utilizan para la consagración de los altares. Aunque de estas últimas no se han hallado inicios históricos del lugar de procedencia de dichas reliquias.
En el siglo VIII llegan los musulmanes a la Península. Carlomagno inicia su campaña contra el Islam en el valle del Ebro y manda a Hispania al obispo Egila para iniciar una reforma de la iglesia peninsular.
El problema ahora, era situar los restos de Santiago el Mayor en Galicia, ya que según “Los Hechos de los Apóstoles” murió en Jerusalén en el año 44 d.n.e. Gracias a una epístola de León (obispo de Jerusalén) sabemos que, mientras el obispo celebraba un sínodo, se le presentaron 4 de los 7 discípulos de Santiago y le contaron como ellos mismos trasladaron los restos de éste en una barca (“guiada por la mano de Dios”) hasta Galicia. La epístola no tiene fecha pero va dirigida a francos, visigodos, vándalos y ostrogodos, así que se puede fechar sobre el año 500 d.n.e. (más de 400 años después de la muerte del apóstol). León termina su epístola exhortando a la población cristiana a ir allí y a orar sobre los restos de Santiago.
Así ocho siglos después de la muerte del Apóstol Santiago, en el año 813, un ermitaño llamado Pelayo o Paio vio una estrella posada en el bosque Libredón. Se lo comunicó al obispo Teodomiro, obispo de Iria Flavia, hoy Padrón. Fueron allí y descubrieron en la espesura la antigua capilla, donde existe un cementerio de la época romana. El descubrimiento del sepulcro coincide con la llegada al reino asturleonés de mozárabes huidos de las zonas dominadas por los musulmanes, buscando poder practicar sus creencias religiosas.
Es generalizada la creencia entre algunos estudiosos de que Prisciliano (creador de la herejía prisciliana) fue enterrado en estos lugares cuando trajeron su cuerpo desde Tréveris (España).
Aproximadamente a partir de 813 con el hallazgo de las reliquias del apóstol y con el beneplácito de Carlomagno, que quería defender sus fronteras de invasiones árabes, Compostela se convertirá progresivamente en un centro de peregrinaje que recibirá su impulso definitivo durante la primera mitad del siglo XIII. Muy pronto, la noticia se extiende por toda la Europa cristiana y los peregrinos comienzan a llegar al lugar del sepulcro, el denominado Campus Stellae (campo de estrellas), que degenerará en el término Compostela.
No debemos olvidar el sentir religioso durante estos años entre la población, lo que hizo que las peregrinaciones, las reliquias, la adoración de las imágenes, las promesas rituales…en fin, todo aquello que supusiera el Perdón Divino, estuvieran a la orden del día entre una población que vivió una época de hambrunas, guerras y pestes y que veían, como única salida a su penosa existencia, un Reino de los Cielos donde se viviera mejor.
También era una época en la que las tradiciones paganas se mezclaban con las cristianas y en donde, las primeras, eran difícil de erradicar, lo que llevaba muchas veces a “enmascararlas” como cristianas para poder controlarlas.
Ya en el siglo VI y gracias al Brevario de los Apóstoles, encontramos noticias de la predicación del apóstol en Hispania. Esta idea comienza a circular por Occidente gracias a las obras de San Isidoro de Sevilla y Adhelmo de Sherbone, al mismo tiempo que se empiezan a mencionar en la lista de reliquias, algunas atribuidas al apóstol y que se utilizan para la consagración de los altares. Aunque de estas últimas no se han hallado inicios históricos del lugar de procedencia de dichas reliquias.
En el siglo VIII llegan los musulmanes a la Península. Carlomagno inicia su campaña contra el Islam en el valle del Ebro y manda a Hispania al obispo Egila para iniciar una reforma de la iglesia peninsular.
El problema ahora, era situar los restos de Santiago el Mayor en Galicia, ya que según “Los Hechos de los Apóstoles” murió en Jerusalén en el año 44 d.n.e. Gracias a una epístola de León (obispo de Jerusalén) sabemos que, mientras el obispo celebraba un sínodo, se le presentaron 4 de los 7 discípulos de Santiago y le contaron como ellos mismos trasladaron los restos de éste en una barca (“guiada por la mano de Dios”) hasta Galicia. La epístola no tiene fecha pero va dirigida a francos, visigodos, vándalos y ostrogodos, así que se puede fechar sobre el año 500 d.n.e. (más de 400 años después de la muerte del apóstol). León termina su epístola exhortando a la población cristiana a ir allí y a orar sobre los restos de Santiago.
Así ocho siglos después de la muerte del Apóstol Santiago, en el año 813, un ermitaño llamado Pelayo o Paio vio una estrella posada en el bosque Libredón. Se lo comunicó al obispo Teodomiro, obispo de Iria Flavia, hoy Padrón. Fueron allí y descubrieron en la espesura la antigua capilla, donde existe un cementerio de la época romana. El descubrimiento del sepulcro coincide con la llegada al reino asturleonés de mozárabes huidos de las zonas dominadas por los musulmanes, buscando poder practicar sus creencias religiosas.
Es generalizada la creencia entre algunos estudiosos de que Prisciliano (creador de la herejía prisciliana) fue enterrado en estos lugares cuando trajeron su cuerpo desde Tréveris (España).
Aproximadamente a partir de 813 con el hallazgo de las reliquias del apóstol y con el beneplácito de Carlomagno, que quería defender sus fronteras de invasiones árabes, Compostela se convertirá progresivamente en un centro de peregrinaje que recibirá su impulso definitivo durante la primera mitad del siglo XIII. Muy pronto, la noticia se extiende por toda la Europa cristiana y los peregrinos comienzan a llegar al lugar del sepulcro, el denominado Campus Stellae (campo de estrellas), que degenerará en el término Compostela.
(FUENTE: wikipedia.org)

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